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domingo, 29 de julio de 2012

Passion for CRIdA



Después de una fiesta de despedida con medio art-system palmesano socializando con el gin-tonic de Es Jaç y música de Albert Pinya, es normal sentirse invadido por un sentimiento de pérdida similar al que nos embarga tras un buen orgasmo. Los franceses, que son muy listos, le llaman a ese momento la petite mort. Pues bien, tras el guateque del viernes con el que decía adiós CRIdA, ese proyecto de centro de residencia e intercambio de artistas promocionado por el Ayuntamiento de Palma, a la ciudad se le moría algo. Aunque sea una muerte temporal, una petite mort, prometen los gestores, apena porque cuando las cosas terminan a veces es muy difícil retomarlas. En los estudios de Sant Jeroni, cuyo alquiler se está renegociando a la baja, los currators (así, con doble erre) Pau Waelder y Fernando Gómez de la Cuesta demuestran que han sabido convertir la escasez de recursos en un patrimonio rico, en una pedrería de campanillas bien integrada en el circuito artístico de la ciudad. ¿Por qué debería continuar CRIdA? Primero, porque es la mejor promoción exterior de la ciudad. Que artistas extranjeros que están integrados en el circuito artístico mundial se pasen dos meses creando en unos estudios en el centro histórico (escupiendo a veces obras que le hacen un guiño a Palma) tiene un retorno impagable. Es la mejor embajada, y a largo plazo la más barata. Nada que ver con la errática promoción exterior del Institut Ramon Llull, sin contactos en el circuito artístico y alquilando carísimas salas en Alemania o Londres para mostrar colectivas de quita-y-pon. Dos: CRIdA es un centro de producción que ha nutrido de obras y artistas a la escena local, dilatándola. ¿Qué debería cambiar en CRIdA? Los comisarios del proyecto saben que deben replantearse varias cuestiones: Uno, trabajar con menos artistas durante más tiempo. En dos meses, éstos apenas conocen el lugar y hacen contactos. Y dos, que cada etapa de CRIdA tuviera una duración mínima de tres años para poder desarrollar la segunda parte del proyecto: esto es, el intercambio real de artistas con centros del extranjero. Hay que tener en cuenta que estos espacios suelen tener el programa de residencias bien atado con un año de antelación. Por último, las prestaciones del proyecto deberían ser mejores para mantener la calidad. No se puede trabajar casi gratis: la simple passion for CRIdA se puede acabar y morir para siempre.

Es Baluard es otra petite mort, lleva medio año muerto. Sin programación a la vista, con alguna exposición anunciada que da mucho miedo, y con unas bases para el concurso de dirección aprobadas pero sobre las que nadie habla claro, es normal que nos lancemos a la especulación. ¿Qué habrán corregido nuestros gestores de las bases que dejó redactas el anterior equipo de gobierno? ¿Por qué no las ha mostrado a la Asociación de Artistas Visuales o a la de críticos? En honor a la transparencia, dejaremos constancia en este artículo de algunos puntos de esas primeras bases redactadas en 2010 y a las que ha tenido acceso este periódico. En primer lugar, se contemplaba que el jurado elector del candidato lo conformara una comisión evaluadora formada por cinco expertos de reconocido prestigio en el sector del arte, más cuatro representantes de la fundación del museo (esto es, la voz política y del mecenas con intereses). Es decir, un comité mixto. Una fórmula mejorada a la que propuso Cort para el concurso del Solleric. En contra de esas bases, un punto que no me gusta y que no he encontrado, por ejemplo, en el último concurso público del Museo Reina Sofía. Dice así: "La Fundación podrá invitar nominalmente al concurso a los profesionales que considere adecuados". Ahora sólo nos falta comparar estas bases con las nuevas, próximamente en el BOIB.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 22 de abril de 2012

Mallorca is indifferent




Arranca Tots aquests dois y ante nosotros aparece un Pep Tosar caracterizado a la perfección. No es que sea idéntico al Guillem d´Efak real (ésa sería una exigencia estúpida), sino más bien que Guillem d´Efak podría ser así. O yo me lo imagino, sobre todo a medida que avanza la pieza. La piel negra, la mancha en la cabeza, el gesto seductor o esa dicción del mejor mallorquín de la ruralia de Tosar constituyen una fotografía perfecta. La escenografía y la luz contribuyen a ello, así como las propias canciones D´Efak, sorprendentemente bien interpretadas por el actor. Es hacia el final de la obra cuando, después de atender a la biografía del personaje a través de un audiovisual con instantáneas reales del "més de mig manacorí", se nos revela definitivamente el grado de acierto de esa caracterización. En este punto, a la obra (hasta mañana día 9 de abril en el Auditòrium) le damos un 8. Sin embargo, por el camino hay claroscuros. 


El montaje de Tots aquests dois, ya hemos dicho que basado en la vida y obra del representante de la Nova Cançó Guillem d´Efak, combina un audiovisual con testimonios, un soliloquio y un recital musical: dos horas en que el protagonista le cuenta directamente al público su biografía mediante un texto al que se le podría haber nutrido de mayor teatralidad como contrapunto al tono documental de la proyección. Pese a ello, director y actor –el mismo Tosar– han diseñado varias argucias para dar vivacidad y plasticidad al conjunto: ahora una mención crítica a un acto presuntamente racista de Aznar en 1996, por aquí alguna pulla al clasismo que imperaba en el Teatre de Manacor en los cincuenta, ahora un gesto a lo Glenn Ford (momento Patricia Wymore entrando en La Cubana) o por aquí el golpe de efecto de otro personaje, el camarero, que hace de interlocutor en el mítico local barcelonés La Cova del Drac, todos ellos buenos aderezos del hilo conductor de un hombre que va desnudándose (no del todo, falta emoción) a medida que desciende a los territorios menos amables de su vida, como la Guerra Civil, la ceguera temporal o la enfermedad. Todo es técnicamente irreprochable, pero no se logra evitar cierta sensación rutinaria. El motivo, la linealidad y monotonía en la narración de una vida que demandaba más golpes de efecto. D'Efak no era precisamente un monaguillo. Lo mejor de la obra es la selección musical. Y la voz de Tosar. La pieza tiene otro problema: el hecho de querer abarcar demasiados aspectos de una biografía. Por eso padece una neurosis acumulativa de hechos que apabullan en exceso al espectador. Hay riesgo de indigestión. Por otra parte, en el caso de personajes históricos conocidos, si no se procede con alguna novedad, se corre el riesgo de no contentar ni a los doctos ni a los iniciados en la materia.


Sin ser condescendiente, hay momentos estupendos. A mí me emocionó casi todo el fragmento dedicado a la llegada D´Efak a Palma y su barrio brut. Pero mi pasaje preferido es cuando el poeta lanza un dardo a una isla que nunca reconoce a los suyos: "Spain is different", se inventó Fraga, pero "Mallorca is indifferent", asegura Tosar. Me quedo con esta conclusión de la obra por un suceso recién acaecido: el Teatre de Manacor, tierra del guineano, de momento no ha programado este homenaje a Guillem d´Efak, cuyo nombre también fue rechazado para bautizar el nuevo auditorio del pueblo. De nuevo la indiferencia de los autóctonos hacia uno de los suyos. Manacor sólo cae de hinojos frente a Rafel Nadal.


En fin, Tosar nos cuenta en la pieza que D´Efak era different (acaso el primer negro de la isla, un guía turístico poco convencional que probablemente hubiera abandonado su profesión si en su época al Consolat de la Mar le hubiera dado por dinamitar Es Trenc), alguien nacido en África que tuvo que venir a esta isla para mostrarnos que era posible convertirse en la máxima expresión de la mallorquinidad y la catalanidad siendo extranjero, porque los de aquí, y Guillem eso lo sabía, somos y seguimos siendo bastante indiferentes.


*Publicado en Diario de Mallorca el 8 de abril de 2012

domingo, 1 de abril de 2012

Literanta, un acto de humanidad

Las mejores lecturas de mi vida me las ha dado La Central del Raval, una librería barcelonesa que ocupa la antigua capilla de la Misericòrdia de la calle Elisabets. Me solazaba muy a menudo en sus estanterías porque cursaba un postgrado todas las semanas en la cercana Universitat Ramon Llull. Hacer tiempo allí se convirtió en costumbre. No había semana en la que no cruzara su umbral y no echara un vistazo al expositor de los recomendados. Cuántas veces vi libros de mallorquines en ese recodo. Nos cuidaban bien. El caso es que las libreras ya me conocían. A veces no compraba nada, pero conversaba con ellas sobre Palma, siempre me hacían preguntas, y yo siempre acababa igual: en Palma no hay una librería como ésta. Triste por mis últimas palabras, me despedía de ellas, y a la semana siguiente la operación se repetía. Hasta que volví a Ciutat.
Año 2005: a mi vuelta, unos locos estupendos (Antoni Sureda y José Luis Martínez, actual capitán de La Biblioteca de Babel) habían abierto una librería color granate en la calle Fortuny. Literanta se abrió a mis ojos como La Central barcelonesa, pero sus medidas eran más modestas, proporcionales a la ciudad. Desde entonces, las lecturas más importantes me las ha suministrado esta librería y mi librera Marina P. De Cabo, actualmente al frente de Literanta junto a Sureda y Sergio González. Sin duda, Palma no tendría hoy la potencia cultural que ostenta si no fuera por este establecimiento pionero. ¿Por qué digo esto? Muy sencillo, porque en general (siempre hay excepciones) en los años noventa la ciudad no tenía librerías decentes. Y el modelo europeo de Literanta obligó a muchos botiguers a ponerse las pilas e incitó a otros a abrir fantásticas librerías: Àgora fue una de ellas. En el tiempo que coincidieron a todo gas Literanta, Àgora y La Biblioteca de Babel no había semana en que no hubiera actos literarios en Ciutat. Incluso había días en los que elegir suponía un sacrificio, un crimen.
El pasado miércoles la librería de la calle Fortuny cumplió siete años. Y hubo fiesta hasta la madrugada. Con Marina estuvimos hablando de que Literanta se había convertido también en un punto de encuentro para los palmesanos, un lugar donde te encuentras a todo el mundo que deseas encontrar, un espacio donde a los periodistas nos gusta quedar con nuestros entrevistados, un local donde en el calor de una conversación han surgido muchos proyectos culturales y un escenario habitual de presentaciones de libros e incluso de pequeños conciertos acústicos. Un espacio que no depende de mareas políticas y donde se hace cultura de base. En la fiesta me encontré con la exconsellera de Cultura Bàrbara Galmés; con Biel Mesquida, muy simpático y feliz por el éxito que está cosechando con su último libro Llefre de tu; con el realizador y dibujante Toni Nievas y su actor talismán Félix Maestro; con el artista Diego Ingold; con el editor y escritor Román Piña; con el autor Miguel Dalmau, y con muchos otros que le dieron carta de cosmopolitismo y, por qué no, de europeísmo al guateque.

En definitiva, Literanta es un lujo, la librería que me está dando las lecturas de mi vida, un espacio que cuida muy bien a los palmesanos y un centro cultural que sirve de altavoz a las inquietudes de la sociedad a la que sirve. No se me ocurre mejor servicio público. Porque para mí ir a la librería, en concreto a Literanta, es un acto de humanidad. Si vuelvo a ver a las libreras de La Central barcelonesa, ya no me despediré de ellas triste. Porque en Palma también tengo lo mejor.

*Las fotos las firma Literanta. Publicado en "Diario de Mallorca" el 2 de abril de 2012

Chubasco, más que dibujos



La última exposición de dibujos e ilustraciones que hubo en Palma fue la de José María Blanco Ibarz. El Casal Solleric la inauguraba en septiembre de 2011. Más que un proyecto expositivo cerrado en torno a una temática determinada, el espectador atendía a una retrospectiva completa de su trabajo como viñetista en TBO durante los años cincuenta, sesenta y setenta. Desde aquel día, no hemos vuelto a saber a ciencia cierta si el casal del Born continuará con la línea de cómic e ilustración que desde los años ochenta despunta en Ciutat. Si bien los responsables del centro artístico confirmaron su permanencia, aún es el momento de verlo con nuestros propios ojos. De momento, el pequeño adelanto del calendario expositivo hecho público no incluye la ilustración artística. Un error desde mi punto de vista. Veremos.
En consonancia con lo dicho hasta ahora, y vista la escasa proliferación de muestras de este jaez en el futuro, la galería La Real acaba de acometer un tamaño acierto. Ha sabido ver la tremenda generación de dibujantes que se nos echa encima. Y no sería mala idea que el espacio, además de continuar apostando por el vídeo o la fotografía, se especializara en los tiernos ilustradores de talento. Serían los punteros en Palma. Lo que pasa es que ellos nunca lo dirían así, “pun-te-ros”. Rehúyen cualquier atisbo de pretenciosidad.

Ahora volvamos al acierto de la galería que les comentaba: el pasado viernes inauguró en el espacio Eduard Bagur (Chubasco), un joven dibujante y diseñador mallorquín que ya ha tenido la oportunidad de exponer su trabajo en Londres. Para su primera exposición en la isla, ha presentado una serie de 32 dibujos realizados únicamente con lápices de colores. La primera vez que me enfrenté a uno de sus dibujos hube de aproximarme mucho para comprobar que, precisamente, ésa era la técnica. En este sentido, me encantan los artistas que consiguen una pieza cuyo resultado final es “no-es-lo-que-parece”. En serio, eso lo consigue Bagur con un puñado de lápices de cedro. Primero te crees que es pintura, luego llegas a pensar que se trata de una impresión digital. Pero al acercarte está el trazo de un simple lápiz con el que los niños empiezan a dibujar. Nota estética: los retratos tienen un punto naif interesante (no son cursis moja-pestañas), son inquietantes y psicológicos, como los primeros planos de los personajes de las películas de Polanski. Pero bueno, no me atrevo a ponerles paternidades e influencias. Y creo que eso es bueno.
El “no-es-lo-que-parece” no afecta sólo a la técnica de Bagur. El contenido de Neu, fum, título de la muestra, también es una incógnita. Porque no estamos únicamente ante una obra que encuadra una determinada panorámica de la realidad y ya está, todos a casa felices con el paisaje. Yo me pregunto cuando contemplo sus dibujos: ¿qué tenemos frente a nosotros: escenas de un thriller psicológico (¡hasta hay fueras de campo!), el storyboard o guión gráfico de un filme, o viñetas de transición (sin diálogo) de un cómic de misterio? En la inauguración, todo el mundo decía la suya. Pero hubo coincidencias reveladoras. El viernes ya éramos tres los que dijimos que el dibujo que representaba un edificio centroeuropeo en un solar recordaba a la película sueca Déjame entrar. Lo que significa que Bagur juega magistralmente con el imaginario popular del cine o thriller psicológico. Por eso todos nos sentíamos cómodos -veíamos algo potencialmente reconocible en la narrativa de su proyecto-, pero a la vez inquietos por esas escenas sin final, abiertas, inacabadas, en tensión. Con una tragedia oculta bajo la evidente belleza. Porque en la obra de Chubasco lo que uno ve nunca es lo que parece.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 25 de marzo de 2012

martes, 13 de marzo de 2012

'Eva' y 'Ella', buen cine español

Voy escribiéndolo rápido antes de que me arrepienta: últimamente estoy viendo buen cine español. Ojo, no cine español-español guerracivilista y de comedieta chusca. No, ése no, el otro. Argumentos para sostener tal afirmación:

1. El visionado de Eva la semana pasada en el Teatre de Artà me insufló optimismo: Kike Maíllo es un cineasta ceremonioso, formalista y calibrado narrando una buena historia (la de Eva) que padece  algo de arritmia (la parte sentimental pesa demasiado) y con un envoltorio original y futurista que convence, como los primeros discos de U2. La película es gran cine sin paliativos. Universalismo ético y estético. La fábula de que la máquina inventada por el hombre -de una imperfección riesgosa para el resto de la humanidad- termina por rebelarse. Un Frankenstein revisitado.

2. Daniel Brühl es acaso el mejor actor del cine español. Uno de esos intérpretes que acaba haciéndole el casting al director. Marta Etura está por mona, y punto. Es sosa como la canción romántica, hortera y empobrecedora de toda la vida. Desafina en beneficio de Brühl.

3. Otra alegría, el cortometraje Ella del LADAT de la Universitat de les Illes Balears. Ni la nominación a los Goya ha servido para que proliferaran los artículos sobre esta gema reluciente de la animación. ¿Qué nos pasa con los productos culturales? ¿Por qué esa cortedad de vida?

4. Lo explico. Si tenemos en cuenta que consumimos metraje a tal velocidad que ni los neutrinos y que el mercado cinematrográfico es una merienda para pocos, está claro que cientos de cintas y cortos se guardan en la caja de las galletas para que no cojan polvo antes de lo previsto. Pero el problema es que hay demasiadas cajas de galletas y a veces poco apetito. ¿Qué pasa con el excedente? Millones de fotogramas, muchas veces estupendos, terminan apresuradamente en pendrives guardados en los cajones de filmotecas o archivos públicos. Muertos de risa. O de pena. Bien, no dejen de ver Ella (www.ellamovie.com) de Juan Montes de Oca. No ha llegado el momento de encerrarla en la despensa. Y no entiendo que no la estén proyectando cada dos por tres en la isla. En fin, en Mallorca siempre te tratan como a un perdedor o Un perfecto desconocido (también hay que verla), aunque haya pocas cajas de galletas.

5. Hay que ver Ella porque es un buen trabajo técnico que denota un gran dominio de los contrastes. También es un euforizante que asegura una porción de felicidad, alejada de la cursilería come-flores de Intocable. De la habitación de juegos colorida de Joel en el arranque de la historia, se pasa al crepúsculo, a las sombras, y a la senectud de otro personaje que entra en escena, un excantante afroamericano alcohólico. El decorado con los dos personajes principales le es familiar al palmesano de a pie: una muralla, parte de los contrafuertes de una Catedral, el sonido del mar, un pavimento muy característico. Es Palma (y no hago spoiler), el Parc de la Mar. Y es el Día de la Música.

6. Una versión de John Tirado de My girl de The Temptations es la piedra angular de Ella. La música es aquí un elemento de felicidad capaz de hacer el milagro del amor. Como en la comedia clásica hollywoodiense –tipo An affair to remember– el tema es la pareja, y en este caso las segundas oportunidades. Un reencuentro fortuito de dos personajes que de jóvenes se enamoraron en Nueva York. El final es un poco cine turístico, podríamos decir, pero gracioso. Es pleno, exacto, y a la vez parece obvio. Bien, no pasa nada por parecer obvio, lo mismo le sucede a Romeo y Julieta, ¿no?

7. La película del LADAT es la perfecta excusa para celebrar las canciones de aquella época. Recomiendo las de Sam Cooke (ilustrado en un cartel en una de las calles neoyorquinas), unas canciones, muchas de las suyas, que se deberían vender en farmacias. Subvencionadas por la Seguridad Social y nuestros céntimos sanitarios. Todo un antídoto contra esta enfermedad terminal llamada vida.

8. Conclusión: Españoles, el cine español-español ha muerto.