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domingo, 29 de julio de 2012

Las 24 horas de Guillem Nadal



La de Guillem Nadal en el Museo de la Ciudad de Valencia no era una exposición de arte efímero, a pesar de que el montaje primigenio durara 24 horas. No era una de esas muestras que consisten en colocar, por ejemplo, un bloque de hielo teñido de color fucsia que se va derritiendo durante 24 horas para dejar después una gran mancha en el suelo de la sala. No. A pesar de ser Valencia y ostentar esta ciudad a nivel institucional un gusto rimbombante por los artistas falleros, la del mallorquín era una estupenda selección de obras en torno a varias temáticas que se repiten en su trayectoria -agua, tierra y fuego-, con el aliciente de poder contemplar piezas inéditas. Sin embargo, lo que debía ser un éxito ha resultado un atropello vergonzoso. ¿Qué sucedió en el museo hace dos semanas? Que, finalmente, el montaje primigenio de la inauguración, supervisado por el artista, fue flor de un día, duró 24 horas. Sin hablar con Nadal, parte de las pinturas y esculturas fueron retiradas del museo valenciano para acoger una pasarela de moda a beneficio de una ONG. Las piezas restantes sirvieron de fondo decorativo para el acto. Para entender la gravedad del asunto, pongamos un símil: esto es como si un editor decidiera, sin el visto bueno del escritor, cambiar párrafos de sitio y arrancar páginas de un libro que ya se ha publicado. Un presunto delito contra la propiedad intelectual y los derechos de autor. Pues bien, obró en el centro artístico de Valencia la mala praxis museística que se instaló en los peores tiempos de Es Baluard, cuando no había ningún tipo de control sobre las piezas de la propia colección y sobre las nuevas que iban entrando en el museo. Una época en que dar información y explicaciones sobre las decisiones era cosa de marcianos.

En cuanto a lo de las explicaciones, hay que decir que, darlas, a veces recrudece el asunto, como ha sucedido en Valencia, un lugar en el que están acostumbrados a los efectos paranormales en política. El responsable de programación de la sala, Vicente Colom, se atrevió a afirmar fríamente en El País que la exposición de Nadal se había planificado "por hacerle un favor a un escultor y al galerista" del mallorquín. Una declaración muy bestia en la que se pone de manifiesto que el factor principal a la hora de programar en ese museo es el amiguismo, y no la calidad y otra serie de principios técnicos y artísticos que deberían estar marcados en el plan museológico. Sabemos que en algunas salas públicas todavía se actúa en plan red de favores, pero creo que jamás se había verbalizado con tanta desvergüenza. Por otra parte, también hay que decir que: primero, la obra de Nadal merece, de sobras, exponerse en ése y muchos otros museos del mundo; y segundo, el escultor y el galerista (probablemente estudiando medidas legales contra el Ayuntamiento de la ciudad) no tienen la culpa ni nada que ver con este tremendo desaguisado armado por los gestores públicos. 24 horas no debería haber sido el tiempo que durara el montaje primigenio de la muestra del mallorquín, sino el tiempo en el que deberían haberse producido las dimisiones y las destituciones en la cúpula del museo tras el trágico suceso.

Me cuentan que ya hay fecha para ratificar las bases para el concurso de dirección de Es Baluard. En la próxima comisión ejecutiva, que se celebrará el día 9, podría aprobarse un texto que ya ha sido modificado en algunos de sus puntos. Es posible que ese día la prensa pueda tener conocimiento de las mismas, y comprobar si la buena praxis obra en este museo. Ojalá no haya valencianadas.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 6 de mayo de 2012.

El último mohicano



 Los cines Renoir no tienen reina que les haga una carta de apoyo. Los cines Renoir cierran sin tener la posibilidad de estar en el debate político o de irrumpir en el pleno de un ayuntamiento. Los cines Renoir se esfuman. Se acabó, señores. El presidente de la Academia de Cine echa el cierre a las salas de s´Escorxador. No son rentables, dice. Las únicas pantallas de Ciutat que cuidaban el cine apagan los proyectores para siempre porque la ciudad les ha dado la espalda. Porque los estudiantes no iban. Porque la clase media culturalmente hablando no los pisaba. Porque no acudían suficientes extranjeros (sólo con los turistas que residen aquí se podrían haber salvado estos cines). Y porque los que ahora se manifiestan por los recortes en cultura tampoco pasaban por sus taquillas. Lo de los piratas en internet es una obviedad. Lo mismo sucede con la Simfònica: todos aquellos que se pegan ahora una vistosa pegatina de la orquesta en el pecho y van a la plaza Mayor de plañideras no han ido en su vida a uno de sus conciertos. Y menos pagando. Pues con los Renoir ya es tarde, queridos. En pocas semanas, formarán parte de algo tan burgués como el falso recuerdo. Absténganse de quejarse los espectadores que evitaban las salas de s´Escorxador porque sus butacas no eran tan cómodas como las de las salas más comerciales. Es triste ir al cine sólo por las butacas o por las palomitas que sirven, pero todos conocemos a amigos que lo hacen. Sí, el Renoir quedará congelado en varios años en la típica colección de láminas color sepia que entregan los periódicos para conectar con los nostálgicos, y muchos se enjugarán las lágrimas ante tal desaparición. Pero será un sentimiento de mentira. De plástico.

Los cines Renoir abrieron sus puertas en Palma el 2 de octubre de 1996. Llegaron con un proyecto al que han permanecido fieles desde entonces: exhibir producciones españolas y películas extranjeras de calidad proyectadas en versión original subtitulada. Una posibilidad que ninguna otra sala de la ciudad ofrecía. Los Renoir eran el espacio del diletante y han aportado durante más de 15 años un buen sustrato cinematográfico a la gente de mi generación. En este punto, no me olvido de la pequeña filmoteca de Jaume Vidal en el Centre de Cultura Sa Nostra, otro lugar que ha caído en desgracia.

Ya lo han dicho otros antes que yo y coincido con ellos, algunas de las películas más importantes de mi vida las he visto en ese cine. Y confiaba en que iba a continuar suministrándomelas. Era optimista. Hoy sé que no va a poder ser. Su filosofía me recordaba un poco a la de los cines Verdi en Barcelona. El destino quiso que pudiera vivir cerca de ellos, como ahora me ha regalado la posibilidad de vivir al lado de los Renoir. Mi cine de barrio.

A bote pronto y con mi estado de ánimo, recuerdo haber visto Funny Games en una de sus salas. Cerré el círculo con la proyección años después del remake. Ahora mismo vuelvo a tener la misma dosis de rabia que me inundó cuando vi esa película. Sí, sé que sólo es cine. W. H. Auden decía que la poesía no hace que nada suceda. Probablemente, el cine tampoco. Igual sólo emociona. Y no sirve para nada más.

Pero es que cierran los Renoir. Para mí eran la cuna de miles de historias secretas, felices y tristes. Y dos horas de mucha soledad frente a la pantalla. Sabíamos que no era bueno que los sábados a mediodía (mi día preferido) el cine estuviera vacío, pero nos gustaba estar irremediablemente solos en la sala.

Cierran los Renoir. En los últimos tiempos, estos cines se habían convertido en el último mohicano de una selva cruel y hortera, y flechas ignorantes le han ido atravesando el corazón, el mismo del logo institucional, hasta destrozárselo. Hoy Palma es menos grande y más vergonzosa que nunca.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 29 de abril de 2012

Viñetas que vienen y van


Para mí, el cómic es un arte que se me ofrece con la misma vocación que el aire fresco. Uno de los motivos estriba en que se sigue escogiendo mucho más a la hora de editarlos que la tradicional literatura de texto. Se cuelan menos estropicios y se selecciona más, de ahí esa sensación que en las viñetas aún se mantengan incólumes tres principios: 1, "nada es sagrado": por ejemplo, lo más crítico, desprejuiciado y bestia que he leído sobre el conflicto entre Israel y Palestina son las Crónicas de Jerusalén del dibujante Guy Delisle. 2, "la inteligencia puede ser divertida": Miguel Brieva en Dinero, revista de poética financiera e intercambio espiritual, es uno de los máximos exponentes de este axioma, y 3, "la pomposidad ha de ser aniquilada" o aquello de acción e idea por viñeta, hacer de la concisión virtud. En esto, el mallorquín Bartomeu Seguí es notable. Repasando la escena comiquera isleña, se preparan algunos lanzamientos y proyectos que en mayor o menor medida seguirán alguno de estos tres principios. A veces todos.

Primero, el último fin de semana de abril habrá traslado de viñetas. Pere Joan, el propio Seguí, Rafel Vaquer, Joan Escandell, Pau o Joan Miquel Morey participarán en el Saló del Còmic de Andorra. Habrá exposición de su obra, encuentros y firmas. Al mes siguiente, es posible que algunos de ellos participen en el festival de cómic de Tetuán. Por otra parte, las firetes de libros y tebeos viejos que se hacían en Mallorca se recuperarán, y el programa de Còmic Nostrum va tomando forma de cara a su celebración en octubre.

Más: Seguí tiene previsto enfrentarse a otra historieta junto al guionista Felipe Hernández Cava.

Gabi Beltrán está tomando apuntes para una segunda parte de Historias del barrio. Nos cuenta también que los derechos del álbum ya se han vendido en Alemania y que Astiberri está ahora mismo en negociaciones con la mítica Gallimard (con escritores como Albert Camus o Marcel Proust en su catálogo) para publicarlo en Francia. También remata un libro de relatos.

La mitad de las ilustraciones sobre personajes históricos de Balears que aparecen en un álbum que publicará el Dia del Llibre la editorial Dolmen y el Institut d´Estudis Baleàrics las ha realizado Pere Joan. De su mano han salido un foner, Juan March Ordinas, Francesc de Borja Moll, la Beateta o Guillem Sagrera, entre otros.


Tomeu Pinya está pendiente de varios proyectos. Pero tiene en previsión junto al guionista catalán Josep Busquet una comedia oscura en la que se relatarán las dificultades que entraña adaptar una novela al cine. En este álbum, lo más interesante serán los tres niveles de narración que entrarán en juego: el de la literatura, el del cine y el del propio cómic.

Max publicará próximamente la novela gráfica Vapor (La Cúpula). En ella, cuenta la historia de un tipo que está harto del mundo y decide retirarse al desierto, un lugar en el que tampoco podrá mantenerse alejado de lo que aborrece.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 15 de abril de 2012

Passion for CRIdA



Después de una fiesta de despedida con medio art-system palmesano socializando con el gin-tonic de Es Jaç y música de Albert Pinya, es normal sentirse invadido por un sentimiento de pérdida similar al que nos embarga tras un buen orgasmo. Los franceses, que son muy listos, le llaman a ese momento la petite mort. Pues bien, tras el guateque del viernes con el que decía adiós CRIdA, ese proyecto de centro de residencia e intercambio de artistas promocionado por el Ayuntamiento de Palma, a la ciudad se le moría algo. Aunque sea una muerte temporal, una petite mort, prometen los gestores, apena porque cuando las cosas terminan a veces es muy difícil retomarlas. En los estudios de Sant Jeroni, cuyo alquiler se está renegociando a la baja, los currators (así, con doble erre) Pau Waelder y Fernando Gómez de la Cuesta demuestran que han sabido convertir la escasez de recursos en un patrimonio rico, en una pedrería de campanillas bien integrada en el circuito artístico de la ciudad. ¿Por qué debería continuar CRIdA? Primero, porque es la mejor promoción exterior de la ciudad. Que artistas extranjeros que están integrados en el circuito artístico mundial se pasen dos meses creando en unos estudios en el centro histórico (escupiendo a veces obras que le hacen un guiño a Palma) tiene un retorno impagable. Es la mejor embajada, y a largo plazo la más barata. Nada que ver con la errática promoción exterior del Institut Ramon Llull, sin contactos en el circuito artístico y alquilando carísimas salas en Alemania o Londres para mostrar colectivas de quita-y-pon. Dos: CRIdA es un centro de producción que ha nutrido de obras y artistas a la escena local, dilatándola. ¿Qué debería cambiar en CRIdA? Los comisarios del proyecto saben que deben replantearse varias cuestiones: Uno, trabajar con menos artistas durante más tiempo. En dos meses, éstos apenas conocen el lugar y hacen contactos. Y dos, que cada etapa de CRIdA tuviera una duración mínima de tres años para poder desarrollar la segunda parte del proyecto: esto es, el intercambio real de artistas con centros del extranjero. Hay que tener en cuenta que estos espacios suelen tener el programa de residencias bien atado con un año de antelación. Por último, las prestaciones del proyecto deberían ser mejores para mantener la calidad. No se puede trabajar casi gratis: la simple passion for CRIdA se puede acabar y morir para siempre.

Es Baluard es otra petite mort, lleva medio año muerto. Sin programación a la vista, con alguna exposición anunciada que da mucho miedo, y con unas bases para el concurso de dirección aprobadas pero sobre las que nadie habla claro, es normal que nos lancemos a la especulación. ¿Qué habrán corregido nuestros gestores de las bases que dejó redactas el anterior equipo de gobierno? ¿Por qué no las ha mostrado a la Asociación de Artistas Visuales o a la de críticos? En honor a la transparencia, dejaremos constancia en este artículo de algunos puntos de esas primeras bases redactadas en 2010 y a las que ha tenido acceso este periódico. En primer lugar, se contemplaba que el jurado elector del candidato lo conformara una comisión evaluadora formada por cinco expertos de reconocido prestigio en el sector del arte, más cuatro representantes de la fundación del museo (esto es, la voz política y del mecenas con intereses). Es decir, un comité mixto. Una fórmula mejorada a la que propuso Cort para el concurso del Solleric. En contra de esas bases, un punto que no me gusta y que no he encontrado, por ejemplo, en el último concurso público del Museo Reina Sofía. Dice así: "La Fundación podrá invitar nominalmente al concurso a los profesionales que considere adecuados". Ahora sólo nos falta comparar estas bases con las nuevas, próximamente en el BOIB.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 22 de abril de 2012

Mallorca is indifferent




Arranca Tots aquests dois y ante nosotros aparece un Pep Tosar caracterizado a la perfección. No es que sea idéntico al Guillem d´Efak real (ésa sería una exigencia estúpida), sino más bien que Guillem d´Efak podría ser así. O yo me lo imagino, sobre todo a medida que avanza la pieza. La piel negra, la mancha en la cabeza, el gesto seductor o esa dicción del mejor mallorquín de la ruralia de Tosar constituyen una fotografía perfecta. La escenografía y la luz contribuyen a ello, así como las propias canciones D´Efak, sorprendentemente bien interpretadas por el actor. Es hacia el final de la obra cuando, después de atender a la biografía del personaje a través de un audiovisual con instantáneas reales del "més de mig manacorí", se nos revela definitivamente el grado de acierto de esa caracterización. En este punto, a la obra (hasta mañana día 9 de abril en el Auditòrium) le damos un 8. Sin embargo, por el camino hay claroscuros. 


El montaje de Tots aquests dois, ya hemos dicho que basado en la vida y obra del representante de la Nova Cançó Guillem d´Efak, combina un audiovisual con testimonios, un soliloquio y un recital musical: dos horas en que el protagonista le cuenta directamente al público su biografía mediante un texto al que se le podría haber nutrido de mayor teatralidad como contrapunto al tono documental de la proyección. Pese a ello, director y actor –el mismo Tosar– han diseñado varias argucias para dar vivacidad y plasticidad al conjunto: ahora una mención crítica a un acto presuntamente racista de Aznar en 1996, por aquí alguna pulla al clasismo que imperaba en el Teatre de Manacor en los cincuenta, ahora un gesto a lo Glenn Ford (momento Patricia Wymore entrando en La Cubana) o por aquí el golpe de efecto de otro personaje, el camarero, que hace de interlocutor en el mítico local barcelonés La Cova del Drac, todos ellos buenos aderezos del hilo conductor de un hombre que va desnudándose (no del todo, falta emoción) a medida que desciende a los territorios menos amables de su vida, como la Guerra Civil, la ceguera temporal o la enfermedad. Todo es técnicamente irreprochable, pero no se logra evitar cierta sensación rutinaria. El motivo, la linealidad y monotonía en la narración de una vida que demandaba más golpes de efecto. D'Efak no era precisamente un monaguillo. Lo mejor de la obra es la selección musical. Y la voz de Tosar. La pieza tiene otro problema: el hecho de querer abarcar demasiados aspectos de una biografía. Por eso padece una neurosis acumulativa de hechos que apabullan en exceso al espectador. Hay riesgo de indigestión. Por otra parte, en el caso de personajes históricos conocidos, si no se procede con alguna novedad, se corre el riesgo de no contentar ni a los doctos ni a los iniciados en la materia.


Sin ser condescendiente, hay momentos estupendos. A mí me emocionó casi todo el fragmento dedicado a la llegada D´Efak a Palma y su barrio brut. Pero mi pasaje preferido es cuando el poeta lanza un dardo a una isla que nunca reconoce a los suyos: "Spain is different", se inventó Fraga, pero "Mallorca is indifferent", asegura Tosar. Me quedo con esta conclusión de la obra por un suceso recién acaecido: el Teatre de Manacor, tierra del guineano, de momento no ha programado este homenaje a Guillem d´Efak, cuyo nombre también fue rechazado para bautizar el nuevo auditorio del pueblo. De nuevo la indiferencia de los autóctonos hacia uno de los suyos. Manacor sólo cae de hinojos frente a Rafel Nadal.


En fin, Tosar nos cuenta en la pieza que D´Efak era different (acaso el primer negro de la isla, un guía turístico poco convencional que probablemente hubiera abandonado su profesión si en su época al Consolat de la Mar le hubiera dado por dinamitar Es Trenc), alguien nacido en África que tuvo que venir a esta isla para mostrarnos que era posible convertirse en la máxima expresión de la mallorquinidad y la catalanidad siendo extranjero, porque los de aquí, y Guillem eso lo sabía, somos y seguimos siendo bastante indiferentes.


*Publicado en Diario de Mallorca el 8 de abril de 2012