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lunes, 2 de enero de 2012

La terapia de Cadavieco

Con las aguas del arte tan agitadas como un montón de piedras en un terremoto, lo suyo es tomarse un respiro para hablar de algo que nos haya gustado. Pues bien, la exposición de Javi Cadavieco en la galería La Real me ha entusiasmado. Consigue, en pocas piezas, ser contundente y directa con el mensaje. El conjunto, cuatro videoinstalaciones y otra pieza tipo álbum-de-fotos, traza un viaje introspectivo muy convincente que toma como punto de partida la imaginería de un manicomio psichokiller de película. Tensión no falta.

La galería se transforma en el pasillo de una institución mental: recuerda a aquella escena de El silencio de los corderos en que la señorita Clarice atraviesa un corredor, al final del cual se encuentra, esperándola, Hannibal Lecter. Sólo que el loco aquí presente es un artista, el propio Cadavieco, que ha dado un salto importante desde Identidad perdida (donde el infierno eran los otros) para atreverse consigo mismo. Los escenarios del mallorquín son también más apacibles y de un blanco inquietante, licencias de estilo junto a los sorprendentes efectos audiovisuales. Decía que esta muestra, Cellblock, que podrá visitarse hasta el 27 de enero, es el proyecto más personal de Cadavieco hasta el momento y,creo yo, está más trabajado que el anterior: tanto en el concepto como en el metraje, con bastante complicación técnica y en el que hallamos una aproximación al arte performativo; casi todas las acciones registradas, envueltas en una textura onírica, están grabadas de una sola tocada y en una sola secuencia .

A pesar de las trazas autobiográficas que salpican Cellblock, no dejo de ver a Javi como el personaje de ficción de una historia que se cuenta a través de las instalaciones, todas ellas artesanales y construidas en la propia galería. Un plus que fortalece las costuras de la muestra, pues funciona a modo de escenografía donde suceden muchas cosas. El relato que nos cuenta Cadavieco tiene introducción, nudo y desenlace, como las historias clásicas: el inicio de la locura y la falta de inspiración del artista se narran en el vídeo de la puerta 1; la caída del artista que desea deshacerse del pasado, en la 2; y la soledad (simbolizada en un mar inmenso) y un consiguiente sentimiento de frustración por no lograr una empatía con el espectador, en la tercera puerta. El final lo pone un estupendo laberinto, inspirado en videojuegos antiguos, donde un muñequito grabado en picado (el propio Javi) busca desesperado una salida. El gameover es la explosión del yo, la detonación de la imagen en movimiento. Morir para volver a nacer. Como McMurphy en Alguien voló sobre el nido del cuco, quien sacrifica su vida (acaba lobotomizado) para que el Jefe Bromden escape del psiquiátrico para empezar de cero. Renacer. En ambas historias, tanto en la película como en Cellblock, nadie está loco literalmente. Pero a veces el manicomio, la cárcel de nuestra propia mente y sus circunstancias, no es más que la extensión de un mundo externo que nos olvida y nos rechaza. Por eso hay que romper los propios barrotes para enfrentarse de nuevo a lo de fuera. No hay otra. Eso es lo que nos explica Cadavieco con su excelente trabajo.

Ítem más: la semana próxima Joan Carles Gomis se despedirá definitivamente de su cargo al frente de Palma Espais d´Art durante la presentación de varios catálogos de muestras realizadas en el Solleric y en Ses Voltes. Él insiste en que no es una despedida. Tiene razón: probablemente le veremos en breve en un cometido de responsabilidad en el Govern. ¿Será en la conselleria de Cultura? Por último, que no nos toquen a Neus Cortés y la quejumbrosa belleza del Espai Quatre. En Palma, son incontestables.

*Artículo (el del blog cambia un poco) publicado en "Diario de Mallorca" el 25 de diciembre de 2011.

1 comentario:

  1. Con esas referencias cinéfilas en tu artículo, habrá que visitarla!!

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