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domingo, 1 de abril de 2012

Chubasco, más que dibujos



La última exposición de dibujos e ilustraciones que hubo en Palma fue la de José María Blanco Ibarz. El Casal Solleric la inauguraba en septiembre de 2011. Más que un proyecto expositivo cerrado en torno a una temática determinada, el espectador atendía a una retrospectiva completa de su trabajo como viñetista en TBO durante los años cincuenta, sesenta y setenta. Desde aquel día, no hemos vuelto a saber a ciencia cierta si el casal del Born continuará con la línea de cómic e ilustración que desde los años ochenta despunta en Ciutat. Si bien los responsables del centro artístico confirmaron su permanencia, aún es el momento de verlo con nuestros propios ojos. De momento, el pequeño adelanto del calendario expositivo hecho público no incluye la ilustración artística. Un error desde mi punto de vista. Veremos.
En consonancia con lo dicho hasta ahora, y vista la escasa proliferación de muestras de este jaez en el futuro, la galería La Real acaba de acometer un tamaño acierto. Ha sabido ver la tremenda generación de dibujantes que se nos echa encima. Y no sería mala idea que el espacio, además de continuar apostando por el vídeo o la fotografía, se especializara en los tiernos ilustradores de talento. Serían los punteros en Palma. Lo que pasa es que ellos nunca lo dirían así, “pun-te-ros”. Rehúyen cualquier atisbo de pretenciosidad.

Ahora volvamos al acierto de la galería que les comentaba: el pasado viernes inauguró en el espacio Eduard Bagur (Chubasco), un joven dibujante y diseñador mallorquín que ya ha tenido la oportunidad de exponer su trabajo en Londres. Para su primera exposición en la isla, ha presentado una serie de 32 dibujos realizados únicamente con lápices de colores. La primera vez que me enfrenté a uno de sus dibujos hube de aproximarme mucho para comprobar que, precisamente, ésa era la técnica. En este sentido, me encantan los artistas que consiguen una pieza cuyo resultado final es “no-es-lo-que-parece”. En serio, eso lo consigue Bagur con un puñado de lápices de cedro. Primero te crees que es pintura, luego llegas a pensar que se trata de una impresión digital. Pero al acercarte está el trazo de un simple lápiz con el que los niños empiezan a dibujar. Nota estética: los retratos tienen un punto naif interesante (no son cursis moja-pestañas), son inquietantes y psicológicos, como los primeros planos de los personajes de las películas de Polanski. Pero bueno, no me atrevo a ponerles paternidades e influencias. Y creo que eso es bueno.
El “no-es-lo-que-parece” no afecta sólo a la técnica de Bagur. El contenido de Neu, fum, título de la muestra, también es una incógnita. Porque no estamos únicamente ante una obra que encuadra una determinada panorámica de la realidad y ya está, todos a casa felices con el paisaje. Yo me pregunto cuando contemplo sus dibujos: ¿qué tenemos frente a nosotros: escenas de un thriller psicológico (¡hasta hay fueras de campo!), el storyboard o guión gráfico de un filme, o viñetas de transición (sin diálogo) de un cómic de misterio? En la inauguración, todo el mundo decía la suya. Pero hubo coincidencias reveladoras. El viernes ya éramos tres los que dijimos que el dibujo que representaba un edificio centroeuropeo en un solar recordaba a la película sueca Déjame entrar. Lo que significa que Bagur juega magistralmente con el imaginario popular del cine o thriller psicológico. Por eso todos nos sentíamos cómodos -veíamos algo potencialmente reconocible en la narrativa de su proyecto-, pero a la vez inquietos por esas escenas sin final, abiertas, inacabadas, en tensión. Con una tragedia oculta bajo la evidente belleza. Porque en la obra de Chubasco lo que uno ve nunca es lo que parece.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 25 de marzo de 2012

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